“La confianza es el sostén de las mas bellas relaciones humanas sin embargo hay quienes afirman desconfiar de todos”
Alguien me comento que ya no confiaba en nadie, aun soy de los que discrepo de esa posición.
Durante nuestro andar por los senderos de la vida, conocemos un sinnúmero de personas con las cuales intercambiamos criterios y puntos de vista, sobre temas en común o sencillamente sobre lo que acontece en nuestra vida diaria.
Al ocurrir este intercambio, se despierta nuestra capacidad para clasificar nuestras relaciones humanas, otorgándole un mayor o menor rango a cada persona o grupo de persona, con las que mantenemos algún tipo de vinculo o relación.
Mantenemos relaciones de pareja, amigos y grupos; sin embargo ninguna de estas relaciones tienen el mismo significado para nosotros, tampoco todas se encuentran en nuestra misma escala prioridades.
Pero si es un hecho que todas nos imponen cierto grado de pertenencia y compromiso; creado desde el momento en que fuimos capaces de sentirnos identificados con el tipo de relación; cuando surgieron afinidades e intereses que conducían a un mismo sitio y sobre todo experimentamos la sensación, que podíamos entregar en mayor o menor grado nuestra confianza.
Entregar nuestra confianza, es algo que puede resultar difícil hacer es que al hacerlo entregamos una parte de nosotros mismos y con ello por lo general aspiramos a percibir el mismo sentimiento reciproco, respirando una especie de creencia en que siempre recibiremos un tipo de respuesta determinada, de esa persona o grupo ante un evento o situación inusual, que nos imponga nuestro peregrinar por la vida.
Ocurre con frecuencia que ese grupo selecto de personas que hemos elegido con anterioridad, con las que compartimos nuestras alegrías y triunfos, nuestras tristezas y derrotas, ante una circunstancia determinada de la vida no responden tal vez como nosotros esperábamos o simplemente se vuelven en nuestra contra.
Muchos seres humanos en situaciones como esta, se sumen en la adversidad del momento que están viviendo, sintiéndose traicionados y jurándose a si mismo que no volverán a depositar la confianza en otra persona, surgiendo en ellos el sentimiento de desconfianza que pudiera acompañarlos durante largo tiempo o por el resto de sus vidas; valorando y juzgando a la humanidad con ese sentimiento de decepción experimentado tras el fracaso de una relación de confianza.
Es una triste condena para los que encuentran soluciones en valorar a todos por igual; que fardo tan pesado de cargar, cuando se mira con desconfianza y se espera la traición de cada rostro que se nos acerca en busca de una relación.
Pero acaso no somos nosotros los máximos responsables de lo que nos sucede en cuanto a relaciones de confianza se refiere; tal vez esperamos algo de alguien y jamás se lo hemos dicho y simplemente nos hemos creado en nuestra mente una idea, de cual será su actitud ante una situación determinada, o tal vez nos hemos aventurado a entregar nuestra confianza, sin valorar cuan reciproco es ese sentimiento para con nosotros; entonces por que no reconocer cuanto nos equivocamos con las personas, que somos los máximos responsables de el resultado de cualquier relación, por que también somos parte integrante de ella; por que no ser más selectivos entonces y profundizar en nuestras relaciones humanas antes de entregar esa parte tan sensible de nosotros que llamamos confianza.



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